DISCURSO DEL CONDE DE CASA GALINDO, NUEVO DECANO DE LA DIPUTACIÓN DE LA GRANDEZA, EN LA ASAMBLEA ORDINARIA DEL AÑO 2026

Excelentísimos e Ilustrísimos Sras. y Sres.

Quiero comenzar agradeciendo a la Asamblea la confianza que ha depositado en mi para ejercer como Decano en los próximos cuatro años, una gran responsabilidad que asumo con ilusión, y también con plena conciencia de lo que conlleva, como continuador de la labor que la Diputación de la Grandeza lleva desarrollando desde 1815 al servicio de la Corona.

Permitidme también un recuerdo muy especial a mi padre, Marqués de las Torres de la Pressa, quien nos dejó el pasado mes de febrero. A él le debo estar hoy aquí, y haber aprendido que la verdadera nobleza se mide en principios y valores, valores que en esta institución estamos llamados a preservar, defender y proyectar.

Quiero también recordar en este momento al Duque de Híjar, aquí presente, que fue quien me propuso como Consejero en el año 2017, y al Duque de Fernández-Miranda, que me nombró secretario en 2020.

Mi agradecimiento se extiende igualmente a todo el Consejo, que de manera unánime ratificó la propuesta y especialmente a la Duquesa de Arcos, quien me propuso al Consejo y quien ha liderado la Diputación estos últimos cuatro años de una manera que requiere un gran reconocimiento por parte de todos nosotros, por su sentido de la responsabilidad y por su gran dedicación, como hemos podido ver reflejado en su intervención y en la Memoria que hemos aprobado hoy y, de quien  personalmente tanto he aprendido en estos años.  

Mi idea en esta nueva etapa, sin duda es continuar con esa labor, ya que además de la intensa actividad anteriormente expuesta, quiero resaltar que la Diputación en los últimos años:

  • Ha afianzado sus relaciones institucionales e incluso las ha iniciado con instituciones de especial relevancia.
  • Ha prestado su asesoramiento de una manera amplia en el ejercicio de las funciones públicas que le son propias.
  • Ha nombrado a consejeros de la más alta consideración en lo personal y en lo profesional, lo que ha supuesto contar con un Consejo unido, transversal, y muy cohesionado.
  • Ha ejercido con solidez el liderazgo que le corresponde como institución representativa de la nobleza titulada.

Todo ello sobre la base de una inquebrantable lealtad a Su Majestad el Rey y a la Corona, camino que sin duda alguna debemos continuar y consolidar. 

Como nos dijo Felipe VI en la Asamblea ordinaria celebrada en el Palacio Real de El Pardo, el 21 de marzo de 2024 “la Diputación de la Grandeza es una institución que nació con la finalidad de apoyar al Reino en un momento específico de la historia de España y que, en el siglo XXI, sin olvidar sus valores históricos, debe seguir proyectándose hacia el futuro. Y debe hacerlo como institución viva, adaptándose a los tiempos, y siempre con vocación de servicio a España y al conjunto de nuestra sociedad. A la Diputación, de acuerdo con sus Estatutos, le corresponde la representación y dirección de la Grandeza y Títulos del Reino, y en el ejercicio de esa función, debe contribuir decididamente a modernizar la proyección social de la nobleza en el siglo XXI. Porque en nuestra España constitucional y democrática, la historia y ascendencia nobiliaria implican, sobre todo, obligación y ejemplaridad, y el privilegio no puede entenderse sino como compromiso y servicio a la sociedad, valores que también debéis transmitir a las nuevas generaciones.”

Debemos, por tanto, dar cumplimiento a ese mandato que nos hizo S.M. el Rey Felipe VI, contribuyendo a modernizar la proyección de la nobleza en el siglo XXI. La Diputación como institución que ostenta formalmente la representación de la nobleza titulada, así como las diferentes corporaciones nobiliarias, tienen la obligación de adherirse a los principios y valores proclamados en nuestra Constitución, no olvidando que su fin principal y último es el servicio a España y al Rey.

En ese marco constitucional en el que hoy desarrollamos nuestra actividad, es necesario recordar siempre el papel decisivo de Su Majestad el Rey Don Juan Carlos, en la transición a la democracia y en la aprobación de nuestra Constitución, fundamento de todo nuestro sistema institucional.

En el X Aniversario de su proclamación, Felipe VI asumió personalmente el lema “servicio, compromiso y deber”, valores que encarna la Corona, y que han de proyectarse en la sociedad. Así lo ilustra la concesión de nuevos títulos nobiliarios el pasado año, títulos en los que resaltan principios como la ejemplaridad, el mérito y capacidad y el servicio a España y a la Corona. Son muestra de ellos los aquí presentes, Marquesa de Perales, y Marqués de Alfonsín, cuyo ejemplo nos enorgullece a todos y nos hace entender precisamente ese mandato de proyección de la nobleza en el siglo XXI. Quienes somos legatarios de diferentes títulos, que recuerdan servicios prestados por los beneficiarios iniciales, tenemos el deber de buscar permanentemente la excelencia en cualquier ámbito, y del mérito como referente.

En este mandato el Consejo en su conjunto, con las relevantes incorporaciones del Marqués de Alfonsín, la Marquesa de Sardoal y la Baronesa de Tamarit como secretaria, a quienes doy formalmente la bienvenida y con la continuidad del Marqués de Vívola como Tesorero, tiene numerosos retos, que necesitarán que la Diputación tenga la mayor representatividad posible, lo que daría una mayor legitimación a su actuación, y más recursos para el desarrollo de su actividad.

También es muy importante el papel de la Fundación Cultural de la Nobleza en el ámbito de la proyección social antes referida. Su objeto fundacional abarca cuantas acciones culturales tengan relación con los orígenes, evolución y presencia histórica y actual de la nobleza en los antiguos reinos y territorios de la Monarquía española, así como con los testimonios culturales de todo ello. En este sentido, el Marqués de San Adrián como secretario de la Fundación y con su gran experiencia en el ámbito fundacional, tiene un papel muy relevante en la consolidación y expansión de su actividad, a través del fomento de la cultura y la conservación del patrimonio histórico.

Asumo esta responsabilidad desde una convicción profunda: la de que servir a la Diputación es, en última instancia, una forma de servicio público a España.
Tengo claro que la institución está siempre por encima y trasciende a quienes la representamos circunstancialmente, y a ella dedicaré todo mi esfuerzo, con lealtad, con sentido del deber y con plena conciencia de lo que representa. Esta nueva etapa debe estar guiada por un espíritu de continuidad, pero también de renovación serena, fiel a nuestros principios constitucionales y a nuestra historia, pero también plenamente consciente de la sociedad en la que vivimos.

Y en ese horizonte de continuidad institucional, la figura de Su Alteza Real la Princesa de Asturias representa también ese vínculo entre tradición y futuro que debe inspirar nuestra actuación.

Como señala el filósofo Javier Gomá, la autoridad en una sociedad democrática no se impone, sino que se legitima y se fundamenta en la ejemplaridad. Y esa ejemplaridad, debe ser hoy el principio rector de nuestra conducta.

La Diputación de la Grandeza ha sabido, a lo largo de sus más de dos siglos de historia, mantenerse fiel a su esencia adaptándose a cada tiempo. Hoy nos corresponde a nosotros continuar esa tarea, con lealtad a la Corona, con compromiso con España y con la convicción de que la ejemplaridad debe seguir siendo el fundamento de nuestra actuación. Ese es el legado que hemos recibido. Y esa es, también, la responsabilidad que asumimos.

Muchas gracias.

En Madrid, a 26 de marzo de 2026

El conde de Casa Galindo